Antes de decidir: averigua qué gotelé tienes
No todo el gotelé es igual, y de eso depende casi todo. Hay un truco casero: moja una esponja en agua, humedece unos 30 cm² de pared, espera un par de minutos y rasca con una espátula.
- Si el gotelé se ablanda y sale con facilidad, es de temple. Es el típico de los años 70 y 80. Se puede rascar.
- Si no cede o apenas cambia, es plástico (o está cubierto por capas de pintura plástica). Rascarlo es lento y deja la pared dañada; lo habitual es taparlo.
Opción 1: rascar el gotelé
Se humedece la pared y se retira el gotelé con espátula hasta dejar el soporte limpio. Después se repara lo que haya salido dañado, se alisa y se pinta.
Su gran ventaja es que la pared queda sin capas añadidas y sin peso extra. Es la mejor opción si el gotelé está suelto, abombado o con mucha pintura acumulada debajo.
El inconveniente es que se trabaja con agua y barro, y que en paredes antiguas puede arrastrar trozos del yeso. Por eso suele haber más reparación después.
Opción 2: alisar por encima
Se aplican una o dos capas de pasta de alisar sobre el gotelé hasta cubrir el relieve, se lija y se pinta. Es la opción habitual con gotelé plástico, o cuando no quieres que la casa se llene de barro.
Genera menos suciedad y suele ser más rápida. A cambio, la pared gana unos milímetros de grosor, que se notan en el borde de marcos y enchufes, y el resultado depende de que el gotelé esté firme y bien agarrado. Si está suelto, puede volver a aflorar con el tiempo.
La tabla de decisión rápida
- Gotelé de temple en buen estado: se puede rascar o alisar encima; rascar da un acabado más limpio.
- Gotelé plástico: casi siempre se alisa por encima.
- Gotelé suelto, abombado o con humedad detrás: hay que quitarlo, y tratar primero la causa.
- Casa habitada y poca tolerancia al polvo: alisar encima, trabajando por estancias.
- Techos: suelen alisarse, porque rascar por encima de la cabeza es lento y deja el techo dañado.
El polvo: la pregunta que todos hacen
Lijar pasta de alisar genera polvo blanco muy fino, y se mete en todas partes. La diferencia entre un trabajo bien hecho y un desastre está en cómo se controla: sellar las puertas de las estancias que no se tocan, proteger suelos y muebles, lijar con aspiración y recoger cada día, no al final.
Con una buena organización, se puede quitar el gotelé viviendo en la casa. Pero si puedes elegir, hazlo cuando la vivienda esté más vacía.
Por qué se nota si se hace mal
Una pared alisada solo es buena si se ve lisa también con luz rasante, esa luz de media tarde que entra de lado y marca cada imperfección. Un alisado con ondulaciones se vuelve evidente justo cuando la casa está terminada. Por eso las capas de pasta se aplican con paciencia y se lijan hasta que la pared es uniforme a la vista y al tacto.
Cuánto tiempo y cuánto dinero
Cada capa de pasta necesita secar antes de la siguiente y del lijado final, así que el plazo se mide en días, no en horas, y varía con los metros y con la cantidad de capas. El precio también: no hay una cifra única, porque depende del tipo de gotelé, de los metros y del estado de la pared. Por eso se presupuesta tras verlo.
Lo que sí puedes exigir es que el presupuesto incluya la pintura final y diga cuántas capas de pasta lleva, para que la estancia te la entreguen terminada y no a medias.
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